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Con 79 años, 6 infartos, una cirugía de corazón y otros males, supero el coronavirus

La primera paciente que importó el virus procedente de Italia, logró recuperarse. Tras permanecer cinco semanas en un severo aislamiento, tres en el hospital universitario y dos en la casa de su hermana, logró romper la cadena de transmisión. Antes lo había logrado la hermana, su fiel anfitriona, su hermano menor y  luego su cuñado.

Los ocho parientes en línea epidemiológica, salieron de la zona de peligro y ahora permanecen en cuarentena, en proceso de tranquila convalecencia.

Ahora, su cuñado, pasó la prueba de oro, a pesar de sus múltiples achaques que no logran doblegarlo. Ni siquiera porque ha resistido seis infartos, una cirugía de corazón abierto, un cateterismo y otras tres enfermedades de alta complejidad que ha soportado con estoicismo.

“Feliz y contento. La noticia me la dieron el viernes poco antes de las siete de la noche me llamaron al celular de mi esposa fue quien recibió la noticia”, relató.

“En mi caso, nunca sentí nada. No sentí ningún malestar, nada de nada. En cambio de mis otros males, estoy regular, tengo diabetes, tensión arterial (ya controlada) y problemas de la tiroides. Tengo problemas del corazón”.

“Resistí una cirugía de corazón abierto y luego un cateterismo. He tenido que estar hospitalizado otras dos veces por malestar en el pecho. Nunca creí que sufriera del corazón y mire usted, ya he resistido a seis infartos y aquí sigo.

“Por eso cuando me confirmaron que tenía coronavirus  creí que el mundo ahora si se derrumbaba”, confesó con nostalgia.

“No sentí nada, ni dolor de cabeza, ni fiebre, nada de nada, nada es nada, ni fiebre, ni tos, ni dolor en el cuerpo. Ningún malestar…no sentí ningún malestar”, relató.

“La prueba me la hicieron hace 20 días porque estuve en contacto con mi cuñada que había llegado de Italia. Entonces fuimos a saludarla. Nos demoramos como quince minutos, eso fue el viernes por la tarde y luego el domingo, vino un hermano de ella, que vive cerca y estuvimos hablando. No sé cuál de los dos me pegó el virus”, aseguro ahora, totalmente recuperado.

“Luego nos enteramos que ella tenía eso, le hicieron exámenes al hermano y luego me llamaron a mí. También resulté afectado”.

“Cuando me comunicaron  que había salido positivo, a mí se me acabó el mundo de una vez. Sabiendo que tenía otras enfermedades y ahora esta, sólo me dije, ahora sí me tocó el turno”, confesó.

“Sin embargo, dije Dios es el que dispone de todo. Lo que Dios diga y hoy en día eso fue lo que quiso, ahora le agradezco porque el amor de Dios es muy grande con toda la gente pero especialmente conmigo”.

“Me han dado seis infartos, fui operado del corazón, me hicieron a los seis meses un cateterismo y tengo pendiente otra cirugía del estómago.

De ésta salí ya, gracias a Dios, el así lo dispuso y estoy sano.

“Con mi familia aprendimos a resistir, mi familia siempre estuvo muy pendiente, ese también fue un gran remedio, un calmante aunque una parte de la familia está lejos.

Ellos me llamaban todos los días y están pendientes, eso le da a uno fuerzas, eso le da a uno muchas esperanzas.


Las siete vidas

“Cuando me avisaron que había salido positivo, yo dije, bueno hasta aquí llegué. Con 79 años y con todo ese cúmulo de enfermedades que son permanentes, que las tiene uno, porque la diabetes nunca se cura, como la tensión arterial tampoco, ni la tiroides, son para toda la vida”.

“Eso me dicen los médicos, nooo usted tiene las siete vidas del caso, me dicen los médicos”. Risas. Y los amigos que me llaman me dicen, nooo pero usted está duro de morir”. Risas.

“Ahora días, murió un amigo, más joven que yo, un compañero que trabajó conmigo en el hospital de Pitalito, falleció acá en Neiva luego de un cateterismo, ya había salido del hospital y estaba listo en la casa esperando el día para poder viajar a Pitalito porque él vive allá cuando le dio un infarto y ahí quedó. Entonces en Pitalito oyeron la noticia y creyeron que era yo. Algunos alcanzaron a llamar a dar el sentido pésame.

Tremendo susto

“Un amigo llamó a mi celular, entonces yo le contesté y casi lo mato del susto”. Risas. “Es que usted se parece a Alirio, me decían. ¡Pues yo soy!, le respondí,  casi se mueren del susto”.  Risas.

“El que había muerto era un compañero que tenía sesenta y pico de años, y no aguantó. Sólo le habían dado dos infartos en la vida. Con dos no aguantó más. En cambio yo, llevó seis infartos y aquí sigo”.

“Claro que él tomaba mucho trago y fumaba mucho. Yo dejé el trago hace mucho tiempo”, aclaró.

-¿Se puede vivir sin traguito?, le pregunté. Risas.

“Me tocó dejarlo porque con diabetes el trago es un enemigo bravo”.


Sin saberlo

“Por lo que soy delgado, flaco, decía, que nunca sufriría del corazón y resulta que ya estaba sufriendo y no sabía”.

“Bueno, -remató- ahora que salí del coronavirus, de semejante trance,  solo me queda la otra operación que es más sencilla, pero si Dios quiere, también ganaré esta batalla”. Y con seguridad que así será.

Los primeros afectados

Observando con rigor los protocolos sanitarios que les indicaron, la familia pionera, superó este difícil trance. Solamente con medicamentos para paliar los síntomas, pero con distanciamiento social y lavado de manos, con protección, lograron ganarle la batalla al virus invasor.

La dama, nacida en Neiva, adquirió el virus, al parecer, en el avión que la trajo de Roma a Bogotá. Lo abordó estando sana, como su familia y lo contrajo en pleno vuelo.

Sin saber que el virus la había asaltado a mansalva llegó a Neiva y lo transmitió involuntariamente a su anfitriona. Ella, de 68 años, adquirió la enfermedad dos días después cuando comenzó a sentir los síntomas del mal.

Los dos casos prendieron las alarmas. Por la sintomatología, las dos pacientes eran portadoras potenciales y aplicaban para coronavirus. Ambas quedaron en cuarentena forzosa, en habitaciones separadas, incomunicadas hasta nueva orden.

Les tomaron las pruebas y les salieron positivas. La noticia solo se conoció el 12 de marzo. Positivas.

Al confirmarse, las autoridades sanitarias activaron el primer cerco epidemiológico y focalizaron la ruta del contagio.  El equipo interdisciplinario les siguió la pista. En esta línea constataron nueve contagios, todos de la misma familia. La portadora y ocho de sus allegados lograron recuperarse.


Las angustias

A pesar de las demoras iniciales, entre otras razones, por la congestión y el represamiento de los exámenes de laboratorio en Bogotá, el Instituto Nacional de Salud, confirmó los diagnósticos.

La familia atendió los protocolos y todos se sometieron al aislamiento riguroso para frenar la cadena de transmisión de la enfermedad.

“Todos los días, dos y tres veces nos llamaban para constatar la evolución y el estado de salud. Eso sí, para qué, pero el seguimiento que nos hicieron fue riguroso”, afirmó una de las personas ya curadas.

“A veces nos angustiaba porque conociendo la ruta del contagio, las pruebas parecían demoradas. Pero finalmente nos tomaron las pruebas, varias veces hasta que los resultados fueron negativos.

Curiosamente, no todos los miembros de la familia resultaron afectados. Unos, aunque positivos, nunca sintieron los síntomas pero los diagnósticos resultaron positivos. Los otros en cambio experimentaron la típica evolución de la enfermedad.

“Duré tres noches sin poder dormir. Todo el tiempo tomaba acetaminofén, me paraba a las seis de la mañana y tomaba el medicamento para el dolor y para la tensión, sagradamente, todos los días, confiando que esto me pasaría pronto. Así se me fue mermando”, comentó el Paciente No. 3 el primero en recuperarse de la exótica enfermedad.


Resistencia

A pesar de su avanzada edad y las otras dolencias compatibles que lo volvían más vulnerable, superó el trance. El hombre de 71 años, fue el primero en el Huila en sortear con éxito el inesperado padecimiento. Lo adquirió en un breve saludo. Ese fue el único contacto. El encuentro duró diez minutos.

“A los dos días, comencé a sentir decaimiento, resfrío un malestar en todo el cuerpo, una fiebre alta, como soy hipertenso también la tensión se me estaba subiendo”, recordó.

Después de haber resultado positivo en dos oportunidades el primero de abril le confirmaron que había cruzado la frontera del mal.

El 13 de marzo le tomaron la segunda prueba y salió negativo. “Fue una felicidad. Cuando me informaron que la prueba había resultado negativa volví a respirar tranquilo”, afirmó.

Le siguió su hermana, de 68 años, la primera contagiada que se reportó en el Huila. Ella también salió de la ruta crítica, primero en el hospital donde permaneció en cuarentena forzada y las últimas semanas en su propia residencia.

Ahora, le siguió la dama que sin saberlo, importó el virus y lo propagó en su familia.  Ella, pionera del extraño virus, salió del oscuro túnel, como otra víctima de una pandemia que traspasó todas las fronteras.

Información de La Nación,
RICARDO AREIZA

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